Taller de literatura

viernes, 4 de noviembre de 2011

La princesa vanidosa


Erase una vez una princesa que le gustaba mucho mirarse al espejo día y noche, contemplando su belleza, se decía: Yo soy muy linda, soy todo una belleza. Podía pasarse las horas junto al espejo y peinando su larga cabellera hasta la hora de almuerzo.


Realmente era una princesa vanidosa, pero también algo soberbia; solía caminar como toda una princesa, siempre bien arreglada, con la nariz respingada hacia arriba, mirando de reojo de un lado a otro a los obreros, personas del pueblo, de la monarquía, y hasta incluso a los animalitos del bosque, que se le cruzaran por el camino.

Un día muy soleado decidió salir al Bosque a caminar como “toda una princesa” a ver que novedades podría encontrar, a ella nada le motivaba, estaba muy aburrida, hasta que se encontró con un perrito, el le movió la colita y le dijo: guau, guau, guau . Ella le respondió: vete perro asqueroso y pulgoso ! y le piso la cola con su zapato de charol.
El pobre perrito se fue llorando, de tanto dolor., mientras que la princesa se carcajeaba: Ja, ja, ja, ja , ji, ji, ji ji, jo, jo , jo,jo solo en su risa perdía todo sentido de perfección.

Siguió caminando la hermosa princesa, con la nariz respingada mirando de reojo de un lado a otro, estaba impaciente y deseosa de hacer algo pero nada le llamaba le atención hasta que de pronto se encontró con un pollito de color amarillo que buscaba a su mamá, el le dijo; pío, pío, pío , ma; pío, pío , ma.

-Qué? –dijo horrorizada .
Yo no soy tu mamá, vete de aquí pequeño insolente, fuera de mi vista!.
De pronto la princesa cogió una piedra para tirarle encima, felizmente el pobre pollito pudo escapar antes que recibiera un golpe fatal. La princesa sola se carcajeaba, y su risa no agradaba: ja, ja, ja,ja ji, ji,ji , ji, jo, jo , jo , jo, ,ju,ju,ju, esta piedra te la mereces tú!

- Si hubiese tenido buena puntería ahorita ese pollito estaría en mi barriga, y cantaría: pollito asado, apimentado, a pucha, pucha que esta quemado.
Baaa, para la próxima seguro que me irá mejor.

Así la princesa se divertía, después de todo nada tenía que hacer, ella siempre se creía superior a los demás y se sentía con derecho de pisotear y maltratar.

Finalmente se encontró con un gato quien se acercó haciéndole mimos, y ella en vez de acariciarlo, lo mando a rodar bien lejos hacia arriba, pero el gato como tiene siete vidas no le ocurrió nada, el, cayó bien parado.

-Ja, ja, ja, ji,ji ,ji jo, jo, mmm ya esta atardeciendo será mejor regresar a casa, estoy algo cansada con tanto jugar y divertirme, si quiera algo me he distraído de mi aburrida vida.- se dijo para sí la princesa.

Así fue que la princesa vanidosa se dirigió a su castillo, donde ella vivía solamente acompañada por su personal de servicio.

Mientras tanto en el Bosque el gato, el pollito y el perro conversaban sobre lo que les había ocurrido.
Miau, miau, no es posible que esa princesa haya sido tan malvada con nosotros. Hay que darle su merecido – dijo Don Gato
Pío, pío, Pero, cómo? Si apenas con su pie me puede dar un pisotón y matarme. – decía asustado el pollito.
Guau, guau, guau Tiene razón pollito, esa princesa es capaz de todo, mejor no nos metemos – dijo el perro.

Eso justamente – dijo Don Gato. No le haremos caso de ningún modo pero antes de eso se me ocurre una idea, que te parece si le hacemos un pequeño escarmiento.
Miren este es el plan.
Así don Gato se puso de acuerdo con sus dos amigos para que cuando llegara la princesa pudieran darle otra acogida.

Paso una semana y la princesa cansada de estar en su castillo decidió dar un pequeño paseo al Bosque tal vez nuevamente podía divertirse con los tres animalitos. Ella los buscó pero no los encontró. Cuando ella se dio por vencida de buscarlos, Don perro se le acercó.

Ella entonces alzó su pierna para darle un pisotón a su cola, pero Don Perro abrió su boca y rompió parte del vestido que llevaba. En eso Don Gato con fuerte maullido la hizo saltar directo a la rama de un árbol erizando su cabello, donde estaba el pollito listo para hacer pis encima de su cara.

La princesa al mirarse en su espejo se horrorizó, y exclamó: ¿Por qué han hecho conmigo esto? Y se puso a llorar mucho: bua, bua, bua.
Los animalitos la miraron sin decir nada, sin hacerle caso se retiraron y la dejaron sola.

La princesa llegó al palacio, lloraba y gritaba su mala suerte, se decía a sí misma: No es justo, a una princesa no le puede ocurrir eso, porque toda princesa debe ser tratada como una princesa.

En eso, su madre que estaba de visita al verla tan desecha por dentro y por fuera la fue a consolar.
Hija mía, debes saber que si realmente quieres hacer honor al título de princesa, haz de sabértelo ganar, no es bueno hijita mía que solo te preocupes de ti misma y encima trates mal a los demás.

Hay mamá pero si yo no hice nada, me atacaron unos animales salvajes, exclamó la princesa excusándose

- No es cierto, hija mía no mientas a tu madre.

De acuerdo, en verdad quería divertirme con esos animalitos como lo hice la semana pasada.

Seguro, ellos han querido darte una lección- Exclamó la reina.
Escucha y presta atención: Trata a los demás como te gustaría que te traten a ti, pues siempre recibes lo que das en algún momento, para ti todos los que te rodean deben ser príncipes y princesas.

- Si madre, pero yo no se cómo hacerlo, siempre he sido así.

-Lo sé, lo sé. Pero no te desanimes, yo te ayudaré, que te pareces si vamos al Bosque e invitamos a esos animalitos a cenar al castillo.

-¿Después de lo que me hicieron?

-Sí, ya verás que no es tan difícil.
Así fue como madre e hija se dirigieron al Bosque a buscar a los tres animalitos.
-Don Gato, Sr. Perro, y pollito se sentían muy avergonzados, por su forma de actuar. Pero antes que ellos pidieran disculpas, la princesa y la reina se acercaron donde ellos. La pequeña princesa muy arrepentida expresó:
Por favor, perdónenme, por haberlos tratado mal, ustedes no me tienen que pedir disculpas, porque ustedes me han enseñado que hacer sentir mal a los demás es un error, ahora quiero que vayan al castillo, haré una cena especial para ustedes.
Los animalitos no lo podían creer, todos se abrazaron, y salieron junto con la princesa y la reina vistiendo los mejores trajes.
Rumbo al castillo se dirigieron entonando una ronda., pollito iba sobre el lomo de Don Gato, Don Perro iba olfateando las huellas y la princesa iba brincando de alegría. La reina preparo un rico buffet, unos suculentos huesos para Don Perro, los mejores pescados para Don Gato y el mejor maíz para Don Pollito. Comieron y jugaron mucho juntos todo el día hasta llegar la noche. Desde aquel momento la princesa aprendió que para poder divertirse no hace falta burlarse y que la amistad es el tesoro más preciado de todos.

Fin

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